miércoles 3 de junio de 2009

Éxodos


En una esquina
un escrito rezaba así:
"El último que salga, que apague la luz…”

…pero que deje la puerta entreabierta.


Cambio de hogar. Independencia. Nuevos derechos, nuevas obligaciones. Y mientras no descubra cómo robar wifi a los vecinos o decida que comer no es tan importante como pagar la conexión a internet, apago la luz del blog.

Espero que sea por poco tiempo.

Nos vemos.

Un abrazo y gracias por todo.


Fin de la Segunda Parte.


[Canción recomendada: Eros Ramazotti “Éxodos”]

lunes 1 de junio de 2009

Rarezas

Ea, que hay que actualizar, y ya que HM me ofrece una excusa

El problema es que ya puse un elenco de rarezas en posts anteriores, que sí que hace ya tiempo de éste, éste y de éste, pero siguen siendo válidos, que uno es un animal de costumbres.

La cosa está complicada, y voy a tener que rebajar el listón bastante, no me lo echéis en cara, que para rarezas y curiosidades jugosas a los enlaces anteriores me remito. Ahí vamos:

1_ No me habléis si me acabo de levantar de la siesta.

La hora siguiente después de haberme levantado es crucial. La línea que separa un dulce corderillo del asesino en serie es más delgada de lo que parece… Advertidos estáis.

2_ Suelo ordenar los libros por tamaños y por colores.

Sí, por colores. Es que mola mucho ver ahí la escala de tonalidades, a medio camino entre el arcoíris y un pantón. Ahora mismo, en mi habitación tengo los libros cálidos en una estantería y los libros fríos en otra. Los cd’s también los ordeno de manera similar, pero todos los de un mismo artista o grupo juntos, cronológicamente, pero al lado tengo que poner los de otro autor que sean similares. Vamos, que al lado de Madonna no voy a poner a Placebo.

3_ Tengo complejo de Diógenes con los botellines de agua y los kleenex.

Raro es el pantalón que no lleva dentro un paquete (con perdón) de pañuelos de papel o la bandolera que no tiene un botellín de medio litro vacío (cada vez que salgo, siempre llevo agua encima… y un libro. Sí, no tengo arreglo.)

4_ Tengo que leer un rato antes de acostarme.

Siempre. Sea la hora que sea cuando me acueste, y con independecia del estado etílico al que llegue al catre. ¿Resultado? Que al día siguiente no sé por dónde pijo me quedé y tengo que volver a releer las páginas de la noche anterior.

5_ Odio el teléfono con todas mis fuerzas.

No me gusta hablar por él, sueno muy artificial, envarado. Para hablar prefiero el cara a cara, lo de “llamar por llamar” no va conmigo; por lo que termino no dando señales de vida con gente a la que tengo lejos, y quedo a la altura del betún. Peeeeero, tengo una dependencia del selular malsana, que ha terminado formando parte de mi cuerpo, como una nueva vesícula o un michelín más. Para ver la hora, mensajes a troche y moche, el calendario…

6_ Odio los cambios. Y los comienzos.

Me paralizan. Es una gilipollez, pero es verdad. Incluso cuando estudiaba, me costaba horrores coger un tema y empezar. Luego, cuando llevaba un rato, me disparaba y no paraba. En la vida real igual, cualquier cambio que se dé en mi vida, me suele costar horrores. En el trabajo, por ejemplo, ya no hago un planning antes de entrar de lo que voy a hacer porque suele ser una sorpresa continua. En la vida real, intento amortiguarlos…

7_ Me gusta Prince.

No en el sentido bíblico (es más, físicamente me da mucho asco), sino en el musical. Tengo casi toda su discografía, lo cual es un mérito; y original, lo que ya roza lo estrafalario y lo milagroso. Y que alguien no me diga que no es una rareza…


[Canción recomendada: Prince & The N. P. G. “The Exodus Has Begun!”]

viernes 29 de mayo de 2009

Tiempos pasados



Nostálgicos, que somos unos nostálgicos. Yo el primero, que me pones la etiqueta “vintage” por delante y me gusta todo. Sip, no sólo el porno “vintage”. Hemos creado nuestros propios clásicos, qué coño, que para eso estamos entre los 30 y los 40.

Vemos el logo de la Mirinda y nos da por salivar y acordarnos de ésas botellas de cristal rayadas con tan delicioso brebaje. Naranjito nos parece mejor mascota que Cobi, ese manchurrón canino sin forma. Los Tigretones y las Panteras Rosas hacen que olvidemos, por segundos, a los donuts y demás repostería industrial. Muñecos saltadores con la imagen de “E.T.”, un erizo rosa de dos metros que habla, anda con los cuartos traseros, que va desnudo pero se pone un camisón para dormir. La sintonía de “Los Ángeles de Charlie”,“Apartamento para tres”, “El planeta imaginario”, “El kiosco”

¿De verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor? ¿En serio? ¿O es que la memoria nos va amortiguando los recuerdos? Porque yo hay cosas con las que no puedo, y no he olvidado, de esos tiempos pasados que, según unos, siempre fueron mejores:




El típico chándal de Adidas.

Sí, el diseño es bonito. Y la reinterpretación para indies y gafapastas deseosos de haber participado en el “verano del amor” o haber conocido a los Sex Pistols de primera mano es un must. Ok, de acuerdo. Pero es que ése no era el chándal de los años 70-80. El de esa época picaba a rabiar, era de un material que me hacía que me rascara cada dos por tres (seis), a lo que había que unirle el hilo de nylon con que se cosía la etiqueta de la espalda, que era lo más parecido a llevar un pequeño estilete clavado en el cuello. Ni que decir tiene que los ribetes blancos tenían que ser cosidos una y otra vez; pero éso no sé si era problema del chándal o del insurrecto que lo llevaba… lastimica que en aquella época el término “hiperactivo” no estuviera todavía de moda.




Los atascos.

Hasta que no tuve una cierta edad, la frase “vamos a la playa a pasar el domingo” era un trauma. Un coche pequeño, tipo Seat 127 con: el padre, la madre, el hermano, la prima, la abuela, la nevera, las tumbonas, la cesta de mimbre con la fiambrera y la tortilla de patatas, las toallas, el protector solar, los flotadores, cubos, rastrillos, palas… Y súbete el Puerto de La Cadena sin aire acondicionado, esperando que no hubiese demasiado tráfico o que, al menos, fuera fluido porque si parabas el coche, hasta la abuela se iba a tener que bajar para empujarlo y que volviera a arrancar.




La ropa interior.

Por mucho que he buscado, no he encontrado ninguna foto de la ropa interior a la que me refiero en concreto, pero ésta vale. Imaginad: el día de tu primera comunión, el día más feliz de tu vida, donde vas a recibir a Jesús (hoy en día se te dicen que vas a recibir a Jesús, preguntarías ¿me pongo el lubricante y te saco el condón?) y te van a regalar cien cosas, miles de cosas, cienmillones de cosas… Como compases (hasta 5 juegos cayeron) y mudas. Léase ese conjuntito de ropa interior, calzoncillo más camiseta de tirantes calada –vamos, con agujeritos- que, si tenías suerte, era blanca, pero si no, caía toda la paleta de colores pasteles: azul pastel, amarillo pastel, verde pastel y …horrorr… Color carne.





El papel higiénico “El Elefante”.

Lo tuyo no tiene nombre.

En mi defensa he de decir que en mi casa nunca se utilizó a éste primo lejano de la lija del siete, pero sí en casa de mi tía… Y si algún nostálgico prefiere al paquidermo a los papeles actuales de cuatro capas, tacto seda y perfume de melocotón, que me lo diga ahora y quedamos para darnos de leches en la calle.

Un bonito papel del elegante color marrón mierda elaborado con pasta reciclada de la prensa diaria (por lo que era normal encontrarte alguna letra o palabra por ahí) con dos capas: una brillante y la otra opaca. Pero las dos con la misma textura que te proporcionaba una irritación del pompis a la vez que un peeling gratuito de los glúteos…

A ver ahora quién es el bonito que dice que antes se vivía mejor…

[Canción recomendada: Fórmula V “Cuéntame”]

miércoles 27 de mayo de 2009

1 2 3 4...


…Los números sirven para dos cosas. En primer lugar, tienen una aplicación práctica: nos sirven para contar y medir. Segundo, muchas personas los han utilizado para tratar de comprender lo que hay de misterioso e inexplicable en la vida.

En tiempos prehistóricos, cuando se observó la relación existente entre las fases lunares y los ciclos de crecimiento de los seres vivos, apareció un lenguaje de símbolos que permitió describir y seguir los fenómenos naturales. A medida que crecieron las necesidades, el lenguaje se hizo más complejo y se desarrolló el sentido del número. Conceptos como "uno", "dos", "tres" o "cuatro" eran relativamente fáciles de expresar, pero más allá de esto hacía falta disponer de una capacidad específica para contar.

Se han llevado a cabo estudios sobre la percepción de las cantidades en diversos seres vivos, desde cuervos hasta humanos, que han demostrado que un ser humano adulto normalmente es capaz de contar de uno a cuatro sin necesidad de ningún tipo de aprendizaje. Más allá de éste número, nos tienen que enseñar.

Los especialistas en comportamiento animal han realizado experimentos que demuestran el “sentido del número” y permite a un animal distinguir entre la diferencia de tamaño entre dos pequeños grupos de objetos similares o detectar que un grupo no es el mismo después de haber retirado de él alguno de esos objetos. En ese sentido, se ha observado que, tanto en animales domésticos como salvajes, las madres se dan cuenta si falta alguno de sus retoños en el grupo. Incluso es posible entrenar a aves para que sean capaces de determinar el número de semillas que hay en diferentes pilas hasta la cifra de cinco…

“El Código Secreto”

Priya Hemenway


Mis lecturas y yo, yo y mis lecturas… El último capricho que ha caído ha sido este libro sobre la proporción áurea en el arte y su relación con la naturaleza. Bastante interesante, incluso para mí que soy de letras y rubia natural. Más que recomendable, porque encima no vale más de 13 euros en ese antro de perversión…

[Canción recomendada: Feist “1 2 3 4”]

lunes 25 de mayo de 2009

Los demonios y los ángeles van al cine en domingo


En lo que se está convirtiendo en una costumbre dominical (al final vamos a ser otra pareja cualquiera, con la excepción que ninguno de los lleva el pelo teñido de rubio ni pendientes de aro) nos acercamos al cine a ver alguna película. No llegamos a hacer lo que los novios que teníamos delante la otra vez (él le dijo a la taquillera que si había alguna peli de miedo, la taquillera, amablemente, le respondió que no y entonces pidió dos entradas para ¡¡¡“Hannah Montana: la película”!!!), aunque nos debatíamos entre diversas opciones: “Noche en el museo 2” (pero no salía Ewan McGregor), “La reina Victoria” (pero no salía Ewan McGregor), “Monstruos vs. Alienígenas” (pero no salía Ewan McGregor) y “Ángeles y demonios” (en la que sí salía Ewan McGregor.)

Después de aconsejarme Mi Santo en que pida cita con el psiquiatra para que me mire esa fijación con cierto actor (quieeeen es ese hooombre, que me mira y me desnuuudaaaa), pasamos a la sala para estar durante dos horas con la mente en stand by, helarnos los pies con el aire acondicionado y disfrutar de la trama.

Meter en la coctelera los elementos asesinato, sociedades secretas y Vaticano suele dar una mezcla que, quieras o no, suena atractiva de primeras. Y si lo que buscas es pasar un rato entretenido, la película lo cumple con creces. Una dirección correcta, con un ritmo in crescendo que te lleva a un final bigger than life. Incluso diría que, al revés de lo que me pasó con “El Código Da Vinci”, en esta ocasión lo que me parecía que chirriaba estridentemente en la novela (eeeeese final) lo veo más que lógico en la gran pantalla.

Está claro que ni Ron Howard, ni Tom Hanks, ni Ewan McGregor ni nadie del reparto pasará a la historia por este largometraje. Como tampoco pasaría Dan Brown… Si el Opus Dei ni el Vaticano se hubieran estado quietecitos y no se hubieran pronunciado sobre sus libros con alma de guión cinematográfico ni hubiesen puesto impedimentos al rodaje del film.

Sólo decir dos cosas:

-Lo jodidamente fotogénica que es Roma desde el ángulo que la mires.

-Antes de que comenzara la película, nos tragamos varios trailers, uno con la última de Denzel Whasington… Donde vuelve a hacer el mismo papel que está perpretando en los últimos 15 años… ¿Por qué se considera a algunos actores como “buenísimos” cuando su abanico de caracterizaciones es tan escasa y a otros no? ¿Por qué Morgan Freeman es un animal escénico y Harrison Ford un soso? Pregunto.

[Canción recomendada: The Presets “If I Know You”]

jueves 21 de mayo de 2009

De ajuares y futuribles vástagos


En los albores de los tiempos (vamos, hasta la llegada de los móviles 3G y la TDT) en esta zona donde vivo que se insufla del espíritu inspirador de “Cañas y barro” (aunque sea de manera indirecta) existe la tradición de que, ante una vida en común bendecida con el sagrado vínculo del matrimoño; es el hombre quien se encarga de la vivienda y la mujer del ajuar.

Obviando quién es quién entre Mi Santo y yo, que eso nos lo jugamos a los dados antes de dormir, ya hemos hecho un listado de las cosas que hemos ido comprado… o abasteciéndolas la suegra. Que no porque mi madre no haya tenido una hija de ésas de carnet de identidad no va a hacer de las suyas. Son las ventajas de tener un hijo que le salió rana y, para el caso, es lo mismo.

Así que, nos hemos juntado con dos cuberterías, tres vajillas, cuatro juegos de vasos, ollas, sartenes, fundas nórdicas, trapos de cocina… Ahora toca el “entente cordiale”, un tratado de no agresión sobre si de verdad vamos a comer en unos platos con un estampado tan hortera o dormir en un prado repleto de violetas y campanillas.

Y el tratado de no agresión también se amplía a otras cláusulas de la convivencia.

Ya que no vamos a tener hijos (por ahora, que si estoy a dieta no es para ponerme como un cheeto en unos meses) y como que por ahora ejerceremos de titos perfectos, el instinto maternal paternal habrá que suplirlo con otro adminículo.

Visto que los ficus benjamina no son muy interactivos, la cosa está en echarnos un animalito que nos ronronee, nos ladre de alegría o mueva la colita al abrir la puerta. Y mientras que Hugh Jackman, Ewan McGregor o Darío Barrio no nos contesten a la proposición que les hemos hecho para que sean nuestra mascota particular, por ahora va ganando puntos lo de pillarnos un gato.

El dilema reside en cómo llamarlo. No, no somos tan tradicionales como para ponerles el nombre del abuelo paterno por ser el primogénito y tal. Somos más poligoneras' style y si una época estuvo de moda lo de llamar al churumbel Kevin Costner de Jesús o Brandon Antonio de Todos Los Santos, ya tenemos decidido cómo se llamará nuestro gato si es macho: Sylar.

Ah, ¿pero si es hembra? Ahí está el dilema. Y es por eso que os necesitamos. Porque por ahora no nos ponemos de acuerdo, si llamarla Maricarmen, Yoli Güanjaus o Escolopendra. Así que, desechando todos estos, nos fiamos de su buen criterio y esperamos sugerencias al respecto.

Chas gracias por su colaboración.

[Canción recomendada: Kylie Minogue “Your Disco Needs You”]

martes 19 de mayo de 2009

Horrorvisión

No. No he muerto, pero cada vez tengo menos tiempo para ponerme delante del ordenador. A estas alturas, tengo casi doscientos posts en el Google Reader para leer, y me está dando pereza. Quién te ha visto y quién te ve, Maricarmen, con lo que tú has sío y ahora ni cambias tu estado en el Facebook… Por el camino que voy, ni el porno online me llama.

Astenia primaveral. O el resacón del sábado que todavía dura.

Eurovisión. Horrorvisión. Eurovisón.

La delegación canomoriense “Todos somos Poyeya” se reunión en Molina D’Or (ciudad de vacaciones) con la intención de transmitir todas nuestras buenas vibraciones a Soyaya… Realmente, necesitamos pocas excusas como para juntarnos a comer y a beber, y si lo de ver cómo a Güayominín le daban dous puán (Iunáited Kindón, tuelf poings) era suficiente, ahí nos tenías a todos.

Travestidos, eso sí. De Massieles, Bettys Misiegos, Rosa de España con Bisbal, Sergio y Estíbaliz, Miembros del Jurado, Peret, José Vélez, incluso las T.a.t.u pasaron por allí para hincar el codo con vodka y poner como hoja de perejil a todos los participantes.


Soyaya lo bordó. Pero terminó ganando el salmón prepúber ése del violín, que hacía parecer a Zac Efron toda una machirula.

Y es que está visto que los españoles no tenemos dignidad ni para para perder. Qué coño, que si quedamos los últimos hay que hacerlo con todas las de la ley. A cero puáns. Me cago yo en Andorra y sus doce puntos, que nos ha hecho que nos perdamos un momento histórico a la par de Remedios Amaya, sus pinreles al aire y su insigne barca, que a saber quién la manejaba.

País…


[ Canción recomendada: Remedios Amaya “A quién maneja mi barca”]