Como vaca sin cencerro


Que la distancia es muy mala, señoras y señores.





Y si encima te largas a la capital, a visitar a unos amigos y te da por cervecear desde el viernes noche, hasta el domingo a media tarde, la resaca es peor que la cogorza que lleva Annie en el vídeo. Eso sí, esta vez no acabé con ninguna peluca rubia, lo cual se agradece. Ni encalomándome a nadie, a pesar de que habían dado rienda suelta al mayor elenco de maromazos que había visto en mucho tiempo...

El plan era bastante sencillo: llegar a Madrid viernes a media tarde y pasar un fin de semana de desconexión total, a lo que ayudó bastante la compañía y el zumo de cebada. El viaje de ida bien, gracias, porque estuve sólo todo el trayecto, por lo que no tuve ni que aguantar conversaciones insulsas ni hacerme el dormido.


Llegué a casa de Crawlertls y su marido, dándose el consabido intercambio de regalos entre los que ya sólo tenemos el virgo en el signo del zodíaco: un libro de Marisol vs. una pulsera de cuero de “1 de 50”. Y es que el finde prometía lederón.

De allí a cenar con los amigos del matrimonio para celebrar el cumpleaños de J. de Navarra en un restaurante donde nos pusimos tibios de arroz, y luego a pegar botes y a hacer el tonto un rato en La Ochenta (que, junto con el Tábata, son ya un must para todos los amantes del petardeo), donde estuvimos pegados como moscas a la pantalla plana viendo “Cantando bajo la lluvia”.

Al día siguiente, J. nos abandonó por motivos laborales y Crawlertls y yo nos quedamos de solteras por la vida. Nada, nada, la resaca que sentimos se soluciona con un poco de cerveza, algo así como una metadona de andar por casa… Y empezamos el recorrido en compañía de Nacho y su peculiar sentido del humor. El pistoletazo de salida (con perdón) fue en la plaza de Chueca (con el pertinente clave) y de ahí, callejeando por los alrededores, con parada en el Marsot a comer. Vaaaale, no todo fueron cervezas, también estuvimos haciendo de marujas viendo tiendas, y cargando con objetos tan inútiles a la par que imprescindibles como una moña de plástico que parecía un fantasmita, donde dejar Crawlertls su anillo de casado, que un día de estos se le desintegra en el laboratorio.


Anillos… Ains. Cayeron dos. Dos cockrings, que uno es una Barbie Complementos y siente curiosidad, cual adolescente colegiala que descubre su cuerpo por primera vez. Y ya que no había consoladores de tres cabezas y el anillo de la polla con electrodos me parecía un poco salvaje, me tiré a lo clásico: uno de cuero ajustable (que lo mismo pasa por muñequera y tó) y otro de plástico que, en teoría, se estiraba. Y claro, digo lo de “en teoría” porque, luego en casa, hice el experimento de ponérmelo (hay vídeos explicativos la már de interesantes en la red, el que quiera imágenes, que busque) y todo iba bien hasta que uno de mis huevecillos se acojonó y se metió para adentro. Como una vulgar tortuga de tierra. Es lo que tienen estas cosas, que no es como una camiseta, no puedes pedir consejo a un amigo y que te diga “pues yo uso la M, así que a ti te vendrá bien la L”. Que cada uno es de su padre y de su madre.

Y ya que estábamos metidos en berenjenales y que nos habían dado publicidad del Cooper, pensamos en hacer noche fetichista y dirigir nuestros pasos al Eagle o al Odarko. Después se nos bajó el alcohol y nos lo replanteamos al más puro estilo “Chicas de Oro”, que para eso se unión Pitufo Gruñón de Omicrón Persei 8 y acabamos cenando en casa, borrachos perdidos, viendo “Another Gay Movie”. Gran película. No había visto tantos chistes de culos y de mierdas en una hora y media. Al final acabamos en el Hot y algún garito más, para luego recogernos…


…que al día siguiente tocaba tapeo por La Latina con J. de Cádiz y su marido, poniéndonos ciegos de tortillitas de camarones en el Sanlúcar. Luego a casita a dormir la siesta que me tenía que volver al pueblo… En el vagón 9, que es donde Renfe mete a todos los desequilibrados y a quienes nos sacamos el billete por internet. En éste sí que tuve movidón, que aquello parecía un autobús del instituto, con tanto griterío y escandalera. Encima, mi compañera de asiento era una jipiperroflauta que se tiró hora y media hablando con el móvil con una amiga contándole sus desgracias. A punto estuve de colgarle el teléfono y decirle “nena, tu vida es una mierda, ¿por qué no te tiras a las vías y así dejamos de sufrir todos?”

Y lo de que “no hay nada como el hogar” es una falacia, que yo me lo paso mejor fuera de casa.


Pd: ¿Las fotos? Del regalo de cumpleaños de Mi Santo, “The Big Penis Book”, ese bonito libro de café que estará en nuestro saloncito para cuando vengan a visitarnos nuestras familias… De verdad, chorrada que digo, chorrada que me regalan. El año que viene quiero unos tapapezones de stripper con borlas para montar numeritos.

Pd2: Que sí, que la próxima vez aviso con tiempo y quedo con vosotros, cacho perras…


[Canción recomendada: Eurythmics “I Need A Man”]

Si fuera...




Un mes: Septiembre.

Un día de la semana: Jueves.

Un momento del día: La hora de la siesta. Siempre y cuando no me pille trabajando, clarostá.

Un planeta: Tierra-616 ó Tierra-1.

Un animal: Un erizo.

Un mueble: Un sofá.

Una bebida: Zumo de naranja.

Un instrumento musical: La botella de Anís El Mono y una cuchara.

Una fruta: Sandía.

Una canción: ¿Ahora mismo? “Mr. Higheels”, de Algora. Me llamo Maricarmen López… Qué gran frase.

Una materia: El algodón.

Una parte del cuerpo: Los ojos.

Un objeto: Un libro.

Una comida: Una ensalada.

Un personaje animado: Pocoyó, obviamente.

Un número: El 7.

Un coche: El mío, un Mazda 2, azul cielo, llamado Pánfilo por ser el patrón de su nacimiento.

Una ciudad: Lisboa. Por lo evidente y porque me enamoró.

Un mar: Mediterráneo.

Un idioma: Castellano.

Una flor: Una rosa.

Un color: El marrón.



Un verbo: Existir.

Una estación del año: El otoño.

Una prenda de vestir: Una camiseta.

Un libro: “Alicia en el país de las maravillas/Alicia a través del espejo”, de Lewis Carroll.

Un país: Macondo.

Un lugar: Mi buhardilla. La de hace 15 años.

Un deporte: Natación.

Una película: “Saturno Contro”.

Un olor: El del café.

Una serie: ¿Una sóla? Ummm. Vale, ésta: “Héroesperdidoscondoctoresenalaska”

Un sabor: Dulce.

Un signo del zodiaco: Virgo, con perdón.

Un perfume: Cualquiera de Jean Paul Gaultier.

Una tontería: Éste cuestionario, que sólo me ha valido para actualizar el blog y poner unas cuantas fotos que tan bien tuvo en sacarme Los Sres. De Topógrafos este verano… Ahora, si alguien quiere recoger el guante, que haga lo propio en su blog o en los comenterios. Pero nada de meterse con mi carapán y mis kilos, esos que tanto me costó ir soltando y que ahora voy recuperando sin que me dé cuenta... Dónde estará el fotochó cuando se le necesita...



[Canción recomendada: Algora “Mr. Higheels”]

Viajes lisérgicos a altas horas de la madrugada


Ayuda, please. Que cuando se me mete algo en la cabeza…

El viernes pasado, a ciertas horas intempestivas donde la dos únicas opciones aceptables serían o estar de pindongueo ligando por las barras y los cuartos oscuros, o haber dado ya siete vueltas en la cama, dejando las sábanas hechas un gurruño; aquí el que suscribe se puso a ver un rato la tele. Luego je ne sais pas pour quoi (Kylie dixit) me cuesta levantarme por las mañanas…

Y es lo que tiene la tédété. Que hay muchos canales, lo que se traduce que hay mucha mierda que NO ver. Entotá, que terminé en uno de esos canales localistas de este lado del río Segura (nada que ver con Tena Lady, Indasec ni Concha Velasco) enganchado con una escena de una película española la mar de surrealista.

Un saloncito de una casa de pueblo. Dos mujeres juegan al ajedrez y toman té con pastas; mujeres interpretadas por la inigualable María Isbert (Doña Deudora) y un Juanjo Puigcorbé travestido en farmacéutica (Doña Cruz), teniendo una conversación tan costumbrista y tan de caerse de la butaca que solamente podría ser firmada por Rafael Azcona. Y el resto del reparto, a la altura de las circunstancias: Ana Duato, Kitty Manver y ¡¡¡Chus Lampreave!!!

Con semejante plantel, estuve a punto de pellizcarme los pezones para ver si estaba despierto o hacerme un control antidoping, no fuera que las pizzas que compré en el Mercapeich no llevaran queso en polvo sino otra sustancia alucinógena. Aunque uno nunca sabe qué le dan de comer a las vacas, asínque…

A lo que iba, que si alguien sabe cómo se llama la película (y no miro a nadie, Sr. Coxis), que hable ahora o calle para siempre. Que IMDB no me saca de dudas.

Se grafitifacará en carnes, que me sobran unos cuantos michelines y no sé qué hacer con ellos.


[Canción recomendada: Massiel “Yo tuve tres maridos”]

Yo no soy el tuyo / Tú no eres mi centro


Toda temporada tiene sus tendencias, ese decálogo de la moda que hay que seguir para estar a la última. Las que han marcado el devenir de esta primavera-verano que está a punto de acabar han sido “las fibras vegetales, las sedas y telas con propiedades stretch que resaltan tanto en piezas diseñadas para hombres como para mujeres. Los contrastes están de moda y se llevan las prendas sueltas y voluminosas junto con las ropas estrechas y compactas. Chiffones cresponados, organdíes luminosos, rayas de borbón con curvas, geometrías, estampados, influencias arabescas…” Y rupturas.


Una historia siempre tiene dos finales
el tuyo y el mío
No recuerdo cuántos daños cerebrales
causamos los dos
Pero es cierto, ninguno está contento
yo no soy el tuyo y tú no eres mi centro
ya no, esto se acabó


Maravillosas rupturas que acompañaron el aumento de la temperatura primaveral y estival. Como si fuera una capa más que quitarse, otro sayo del que desprenderse, pero éste para quemarlo directamente. Aunque algun@ sí lo ha dejado en el cajón con naftalina… por si aca.
(¿De forma inocente, pensando que hay arreglo, o sibilinamente, no vaya a ser que nos falle el plan A?)

En el último año he visto como parejas de largo recorrido (de dos años, de cinco, de ocho –el cinco y el ocho, dos numeritos que se prestan a rima- y con independencia de la edad, las inclinaciones sexuales y el equipo de fútbol) han decidido marcarse un punto y final, siguiendo cada uno su senda. Y hay que tener los santos cojones de hacerlo, de decir “ahora yaaaa mi mundo es otroooooo”, porque no todo el mundo tiene la valentía de reconocer ese momento e intentar salir lo más entero posible y sin causar más lesiones de las que ya se encuentran supurando.


Ahora está claro, cada uno por su lado
pero, ¿de qué lado estoy?
Si no pierdo y sé que no he ganado
si no, no sé donde voy
He perdido el toque objetivo
todo lo que tuve ya no sé si era mío
ya no, esto se acabó


Después de dar el paso toca lo de ver quién se queda en el piso (si se estaba viviendo juntos), quién se lleva la PS3 y dejarlo todo recogido “porque lo que menos me apetece es abrir un cajón dentro de tres meses y encontrarme dentro un par de tangas tuyos, cari”.

En estos casos, gracias a Dior, no hay hijos de por medio. A lo sumo un poto, un cactus o el chucho callejero que tan bien adoptaron en común. Pero lo que sí hay son los amigos.


Si nada es tuyo, nada es mío
cómo repartimos los amigos
cómo repartimos los recuerdos de este amor


Hay casos donde es más fácil. Uno de los elementos del binomio no vive en la misma ciudad que tú y, a lo sumo, tendrás que ensayar una cara de sorpresa cuanto te lo/la cruces en el cine o en algún evento social. Y si te he visto, no me acuerdo.

Otros, son algo más complicados, porque tú conocías de antes a X pero es que te has llevado de siempre tan bien con su pareja que ahora tienes que hablar con la boca pequeña. Entre otras cosas porque no hay nada peor que decir la frase “pues ahora que no estás con Demelsa te voy a confesar que era una guarra de tomo y lomo y blablabla…” para que luego el insurrecto vuelva con la tal Demelsa.

Y lo peor es el tercer caso. Cuando a algunas de estas parejas las has conocido como binomio y todavía las nombras como si fueran uno (vamos, una suerte de Brangelina de andar por casa.) Y ahí te quedas, con el resto de los amigos, como los pequeños vástagos de una relación, maleta de ida y vuelta de un divorcio. ¿A quién quieres más, a papá o a mamá?

Pues a los dos.

Porque a ver quién es el guapo que le pone precio al cariño, y si de verdad quieres a papá y a mamá, lo mejor que pueden hacer antes de convertir su cama en un campo de batalla es que cada uno reconstruya su futuro con los pedacitos que le han quedado sanos y empiece un camino “on your own”.

Que aquí estamos el resto para hacer de muletas, de bastón, de banco de la paciencia, de silla de ruedas, de café confesionario.

¿Quién ha hablado de repartirse los amigos?






[Canción recomendada: Ella Baila Sola “Cómo repartimos los amigos”]

Nota de prensa


Dar las gracias a HM por el premio otorgado, pero un “Premio al esfuerzo personal” en un blog que últimamente está de capa caída y que se actualiza por peteneras no creo que sea lo más correcto.

Asínque desde mi humilde corazoncito (que lo tengo, perras), tengo que rechazarlo con todo el dolor de mis aurículas y ventrículos e intentar hacer algo para merecerlo de verdad.

Anda que no me ha quedado sentía ni ná la nota informativa…

[Canción recomendada: Alanis Morrisette “Thank You”]

Micropost (XXXVII): La noche es más oscura antes del amanecer



[Canción recomendada: Lantana “Siempre”]

Hollywood Queer


Los que somos blanditos, hemos tenido que buscarnos muchas veces una referencia, un modelo a seguir. Y, como el resto, hemos sido educados sentimentalmente con el cine: la chica se queda con el chico, letras grandes de “The End”, beso en la boca casto y puro y fundido en negro.

Nuestro problema es que llegamos a ser hasta obsesivos con las historias que pasan en la pantalla grande. Necesitamos imperiosamente vernos reflejados en algún sitio, darnos cuenta de que no estamos solos, de que “chico conoce a chico” también es posible. Que Mesalla y Ben-Hur tenían algo más que una simple amistad. O que Sal Mineo en “Rebelde sin causa” bebía los vientos por James Dean.

Somos capaces de tragarnos cada truño enlatado por el simple hecho de que haya un personaje gay o se insinúe alguna historia de amor entre dos personas del mismo sexo.

Y algo así me ha pasado a mí.

Decir que me gusta el cine sería quedarme corto. Que a veces llego a niveles enfermizos. Luego me encuentro con gente como Crawlertls o Topotamadre y veo que lo mío no es tan grave, doctor.


La editorial T & B tiene una colección de libros que se llama “Cinemitos” y bajo esa rúbrica ha publicado Leandro Palencia su “Hollywood Queer”: “Un recorrido biográfico y temático por la historia de las sexualidades cinematográficas tradicionalmente designadas como “gay”, lesbiana, bisexual y/o travesti. […] Una introducción para comprender la emergencia de la teoría “queer” en el campo de los estudios fílmicos durante los últimos quince años. La primera guía de referencia en castellano.”

Pues bien, lo único positivo que se pude decir es eso, que es el primer libro escrito por un español que ahonda en el mundillo gay fílmico. Actores, directores, músicos, películas, ambientes, géneros. Una rastra de datos e información que navegan en una estructura caótica, sin pies ni cabeza.

Para empezar, es una especie de diccionario, no un estudio en estilo narrativo. Vale, error por mi parte, por no darme cuenta antes; que lo que yo buscaba era algo que se queda a medio en el prólogo que lo precede.

El libro parece el primer borrador de una tesis que tiene que pasar una serie de correciones, qué cojones, que ya no hablo de que tenga o no coherencia en su planteamiento, sino que no haya faltas de ortografías (esos “laismos” esas tildes en monosílabos), que las fotos tengan todas (o ninguna) un pie, pero no que sea una cosa al azar, que el autor estructure mejor las entradas de cada uno de los personajes que analiza: lo correcto, creo, que sería un párrafo donde se dijera quién era y a qué se dedicaba, y después hablar de su vida personal.

Para muestra dos botones: cuando habla de Bill Condon y su película “Dioses y monstruos”, sobre James Whales, el autor se pone a hablar del director de “Frankestein” y despué de Ian McKellen, quien lo interpretó en el film. Al final no sabes a quién pertenece la información que estás leyendo. ¿O en el caso de Joan Crawford, que la frase con la que termina su entrada sea simplemente “se hace adicta al vodka” como si después no hubiera pasado nada más? Eso no da más que la impresión que son meras notas encuadernadas en cartoné.


No digo que la información que contenga se mala, al revés, hay un montón de datos que cualquier cinéfilo, con independencia de la orientación sexual que posea, va a disfrutar. Sólo que, supongo, las prisas han dado al traste un libro que podría ser una verdadera referencia, pero que te deja más bien un regusto amargo a “coitus interruptus”.

Lo dicho, si no sabéis que hacer con 20 euros, siempre puede hacer bonito en vuestra estantería. O calzar un mueble.


[Canción recomendada: Bajofondo & Gustavo Cerati “El Mareo”]



Aeroguatutú, que se llama "aero" porque vuela, "gua" por que va por el agua y "tutú" porque, cuando rueda por la carretera, hace "tú...tú..."


Boy Lornsen.


{elaeroguatutu@hotmail.com}