Así podría llamarse el último fin de semana. Porque menudos tres días. Y luego me preguntaré por qué se me está poniendo esta carapan…
El viernes, después de salir de trabajar, quedé con un amigo que volvía a Tenerife después de unas minivacaciones en famillia. Total, que era de rigor quedar para tomarnos algo. Y la idea era cenar algo ligerito, nada, cuatro cosas, unas verduritas y tal... por lo que fuimos al Bancal, que con su buffet libre de ensaladas íbamos sobrados… Claro que aquí mi colega se echó dos platos de ensalada hasta arriba y no perdonó tampoco ni los platos calientes ni los postres. Vamos, que invertimos pero bien el dinero de la cena. Y de allí, rodando (que no andando) a la pertinente ruta de bares a por unos vinos y unas cervezas. Que sí, que acabé perjudicao y que mucho decir “a Dior pongo por testigo que nunca más probaré nada de pitraque”… Pero como esta vez sí que me acuerdo cómo llegué a casa y no caí rendido bajo las feromonas de mi amigo, nasty de plasty…
Sábado. Sí, resacoso. Sí, que mezclar vino espumoso con cervezas es lo que tiene. Sí, que seguro que esta noche, en el cumpleaños de Fusiforme no pruebas el alcohol. Ja, ja y JA.
Pues eso, que nuestro fotologuero intermitente (¡actualiza!) favorito cumplía años y lo celebró por todo lo alto en su hogar… porque, ¿quién más puede decir que tenía un equipo de azafatos de congresos en su casa, para agasajar a los invitados?
¿El momento culminante? Cuando salió la tarta y se cantó el riguroso “Cumpleaños Feliz”… Tarta-collage con una serie de fotos del homenajeado, tal que así:
Antes…
…y después.
A ver quién era el guapo que se comía ese trozo, porque para mí era algo sacrílego, como liarme con el novio de mi mejor amigo o algo asín…
Domingo. Una representación de la organización canomoriense estábamos citados en la casa señorial de los tíos de White Baccara para meternos entre pecho y espalda un gazpacho manchego que no lo paraba ni la madre del topo. Y allí que nos plantamos el ciento y la madre, y los dueños de la casa como si fuéramos dos más en la mesa. Eso es tener clase y no llevar un collar de perlas negras. Pero siendo familia de La Pastora de Dragones, no era menos de esperar.
Me hizo mucha gracia cómo se come, porque yo había probado el gazpacho manchego según se hace por Cieza y Calasparra, con carne de caza desmenuzada y trozos de pasta cuadrada. Pues bien, supongo que esto será como el arroz o la paella, que según la zona se hace de una forma u otra.
Se llenó la mesa de tortas caseras, se vertió un poco de gazpacho de las dos sartenacas “para hacer murete” y después el resto. Se bendijo la mesa (“En el nombre del Papi, del Junior, Palomita buena onda, amén”) y se atacó sin piedad. Es la primera vez que me como hasta el plato. Que lo mejor de todo es cuando sólo queda la torta que ha servido de bandeja toda mojada en la salsa... argh...

Rollos caseros, bizcochos y Pan de Calatrava de postre. Luego había gente que dormitaba en los sofas, y no se sabe por qué.
¿Alguien pudo cenar esa noche? Lanzo esa pregunta a los implicados…
[Canción recomendada: Rodolfo Chiquilicuatre “Baila el Chiki-Chiki”]