Las chicas son guerreras (II)


“Artista no es el que canta o pinta
Sino el que hace de su vida un arte”

Concha Buika


No creo que, a estas alturas, vaya a descubrirle a nadie esta pedazo de mujer en todos sus aspectos. Una voz que puede llegar a ser dulce y doliente a la vez. Con una personalidad tan versátil que toca todo los palos que se le ponen por delante (house, funk, jazz, soul, flamenco) y sale por la puerta grande y en hombros todas las ocasiones.

Ahí están las dos versiones que hizo del tango “Nostalgias”, que en nada tiene que envidiar al “Volver” de Estrella Morente. En una el animal está domesticado, sentado al lado de la silla. En la otra, la fiera se ha soltado de la cadena y el dolor más desgarrado se cuela por todas tus grietas.

Española, de padres guineanos, criada en Mallorca, dentro de un ambiente gitano. Un crisol del siglo XXI que adquirió tablas actuando durante un tiempo en Las Vegas (ese parque temático para los jubilados usamericanos), haciendo versiones de Tina Turner (entre otros) a ritmo de tres representaciones diarias; y pariendo más tarde dos discazos como “Buika” (su debut, donde demuestra todo lo que es capaz de hacer, delante detrás del micrófono) y “Mi niña Lola” (o la reinvención de la copla, porque atreverse a cantar “Ojos verdes” y que se te olvide su tocaya La Piquer, está al alcance de pocas.) Por eso son los dos únicos discos que no he borrado nunca de mi ipod.


Pero ella no es solo artista porque cante o pinte paisajes con su voz. Sino porque ha llevado el arte a su vida. Porque la vive de la forma más sincera que puede consigo misma.

“Yo soy bisexual, trifásica y tridimensional.”

Hasta hace un tiempo, mantenía una relación a tres bandas con el padre de su hijo y la excantante de Mojo Project, África Gallego, transformándose más tarde en un dueto femenino que tan buenos resultados les ha dado a nivel musical. Ahora no apostaría por esta relación porque viendo algunos poemas de desamor que hay en su página web, creo que sus caminos se han separado.

El 6 de mayo sale a la venta su tercer trabajo, “Niña de fuego”. Y la portada ya promete.






[Canción recomendada: Concha Buika “Se me escapan las palabras”]

Cadena de producción


Here in this moment to myself
I'm gonna vibe with no one else
There is a conversation I need to have with me
It's just a moment to myself

“A Moment To Myself”
Macy Gray




Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. Sábado. Domingo. Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. Sábado. Domingo. Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. Sábado. Domingo. Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. Sábado. Domingo. Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. Sábado. Domingo. Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. Sábado. Domingo. Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. Sábado. Domingo. Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. Sábado. Domingo…

Pues nada, que llevo un ritmo de trabajo esta semana demencial, echando más horas de la cuenta… Que sííííí, que no todo iba a ser cavas y gintonics...


Cuando se me enfríe la neurona a lo mejor voy y escribo un post en condiciones.


[Canción recomendada: Macy Gray “A Moment To Myself”]

In hac lacrimarum valle














[Canción recomendada: David Bowie “The Heart's Filthy Lesson”]

Infiltrado en el vagón 1



_Skyzos
_Dime jefa.
_¿Dónde vas a estar el 21 de febrero?
_Pues… aquí, ¿no?
_Es que hay una reunión en Madrid y como a mí me pilla de viaje, pues que he pensado que vayas tú en representación mía.




Ahí es cuando se plantean dos opciones, a cual de las dos más peliaguda: o se fía de mí y por eso voy yo (y entonces me hincho cual palomo orgulloso) o soy al único que le ha tocado el marrón de tragarse un viaje relámpago de ida y vuelta más una jornada intensiva de charlas de parámetros, métodos de ventas y demás familia (y ahí es cuando me desinflo como un globo de un todo a cien.)

Pero, mira tú, que el viaje a la capi (de no ir en meses, dos viajes en menos de siete días) era en tren, en clase preferente. High-class. Business. En primera. Pri-meeee-ra. Nada de clase turista, ni estrecheces, que se te duerman en el hombro, o que el pesado de tu compañero de fila intente pegar hebra contigo y contarte su vida en fascículos. No, no, no. Aquí, si las cosas se hacen, se hacen bien.

Y ahí voy yo. Con mis vaqueros, mi mochila de mano y mi careto de pueblerino; pensando “ahora es cuando se dan cuenta de que me toca ir en el último vagón”, “seguro que los billetes están anulados o no van a mi nombre”, “me habré equivocado de hora”… Todo ese cúmulo de pensamientos positivos tan típicos de mí. Me sentía como un pez fuera del agua. Al lado de una señora con un abrigo de jaguara auténtica, detrás de un tiburón de las finanzas con su pc y delante de un economista y sus dossieres de balances. Jo, si lo llego a saber, me traigo el portátil y me pongo a jugar al Solitario o al Buscaminas, para por lo menos para disimular, ejem…

En esas que empiezan a pasar los (¿)azafatos(?) ofreciendo prensa, una bandeja de bebidas, que si una toallita caliente, ahora la cena, luego un café, después una copa… Ni que decir tiene que me corté bastante, porque al llegar a Atocha tenía que, junto con el taxista, localizar el hotel en cuestión. Pero la vuelta fue otro cantar. ¿Una bebida? ¡Pues claro, póngame una copa de cava! ¿Qué desea beber el caballero con la cena? ¡Pásate un vino de Rueda! ¿Una copa? ¡Copazogintonic!

Y todo el vagón compartiendo un botellón high-society, que íbamos todos con una alegría que nos faltó cantar “para ser conductor de primeeeeera, acelera, aceleeeera” o hacerle la ola al (¿)camarero(¿) cada vez que pasaba. Incluso se oyó alguna proposición de matrimonio de una amable jubilada, que a punto estuvo de pellizcarle los carrillos (de abajo y traseros) al pobre chaval.

Ains, qué estresante es la vida de un ejecutivo…

Ah, la reunión bien, gracias.


[Canción recomendada: El Consorcio “El chacachá del tren”]

4 días en la capi


Pues ni estoy muerto por culpa de las fiebres (tifoideas o no), ni me he desintegrado al echar el polvo del siglo (que cayó, y cómo fue); simplemente que ha sido volver al mundo de los trabajadores y recibirme el trabajo con los brazos abiertos.

Ale, repaso del finde en Madrid. Y este finde empezó en jueves. Por la tarde, y después de tragarme 4 horas de tren con la visión de la película más horrorosa de Susan Sarandon (“Irresistible” creo que se llamaba, algo que empieza como “Amytiville”, continúa en plan “Mujer blanca soltera busca” y acaba al estilo “La fuerza del cariño”, ¡ahí es ná!), llegué a la capi del reino y pernocté en el hogar de Crawler y Jota, que tan bien se habían prestado a servirnos de hostal (¡más limpio que cualquiera del centro y sin tener que pagar por horas!)

De madrugada vino Mi Santo, vía T-4 y el viernes estuvimos ocupados en nuestros asuntos maritales (que ya hacía tiempo, ya), asínque sólo salimos de la casa para comer en el chino que nos recomendó Meg y La Nena (una visita al inframundo, casi) y volver a nuestro nidito de amor improvisado. Tony, la próxima vez un café o una cerveza cae, pero había necesidades que cubrir, ejem… El día transcurrió con una cena casera y una partida a cuatro manos al Buzz Hollywood, donde ganamos a Crawler en la segunda ronda… pero a base de emborracharlo y uniéndonos todos contra él. Al César lo que es del César. Y a nuestro pequeño dictador, sus medallas.



Sábado. El gran día. El día en que disfrutaríamos de dos grandes acontecimientos. El primero, la visita a ARCO, en plan modernasdemierdaculturetas… Y la verdad es que nos gustó. Yo iba pensando en que me encontraría mamarrachadas en su gran mayoría, pero había de todo, como en toda botica. Desde vinilos gigantescos con fotografías de diversa temática, cuadros de Bacon, Leger, Picasso, Miró o Botero, instalaciones con animales disecados (esos gatitos y sus anzuelos) o carteles luminosos con frases de todo tipo y calaña. La experiencia estuvo bien, y cuando llegamos al nivel “cuadro-foto-escultura-manchurrón en la pared” decidimos largarnos al centro a comer, que lo que era empacho de arte sí teníamos pero del otro… nanay.

Rato de relax en casa viendo “Priscilla, reina del desierto” (clásico entre los clásicos), cena en Chueca y una minivuelta por los bares… hasta acabar con nuestros pies en un mundo alternativo, paralelo: Tábata. Fuera del maribarrio madrileño hay un bar donde se aúna lo kistch por excelencia que eran los locales para mariquitas antes de que el ambiente se hiciera un parque temático de bares para osas, musculosas, lánguidas y modernas… Una regresión en toda regla. Aquello parecía una nochevieja de mediados de los noventa en Cuenca, que lo mismo te pongo el último single de Rihanna que “La Chica Ye-Yé” de Conchita Velasco y me quedo tan ancha… Ains, cuánto tiempo sin petardear…



El domingo, al spa (piscina de chorros, sauna, baño turco, cabina de relajación), a comer y cada uno a su casa, que ya está bien para una broma y bastante coñazo habíamos dado.

Cuatro horas de vuelta a Murcia, ¡qué rancia eres! con el tren lleno de mariconas de la huerta que se van de finde a la capi, poligoneras porreras y marujas con cardados canomoris que habían ido a la Feria de Joyería y Bisutería… Es lo que tiene Renfe y la clase turista: que no hace distinciones y mezcla todo tipo de humanidades…


[Canción recomendada: Conchita Bautista “Estando contigo”]

Tocotó

Si no la publicaba, moría de un síncope.


Lo bueno de todo esto es que: es gratis, posee aplicaciones terapéuticas, es gratis, tiene efecto colágeno, es gratis, libera tensiones… ¿He dicho que es gratis?

Pd: Ale, y para los que quieran comentar algo con más molla, el post anterior, que me ha costado lo mío copypastear documentarme… Nos leemos en unos días.


[Canción recomendada: Big Muff “My Funny Valentine”]

Asquerosamente asqueroso


…Y lo que tiene estar rodeado de kleenex arrugados, toser cada 95 segundos y llorar más que viendo por enésima vez la muerte de Chanquete… que te acuerdas de temas la mar de agradables. Como la historia de María Tifoidea.




Mary Mallon, de origen irlandés, mundialmente conocida como María Tifoidea (de la que cogió el nombre la mala malísima de Daredevil), emigró a los Estados Unidos por culpa de las hambrunas de finales del siglo XIX. Se ganaba la vida como cocinera, hasta una serie de sucesos encadenados.

En el verano de 1906 fue contratada por una familia adinerada para ser la cocinera de la casa de recreo alquilada. A finales de agosto cayó enferma una de las hijas del matrimonio. Luego la madre, dos sirvientas, el jardinero… En total, 6 de las 11 personas que formaban el núcleo de esa vivienda.

Los dueños de la casa, por miedo a dejar de recibir ingresos por su alquiler, contrataron a un ingeniero, para comprobar si el contagio se debía por la existencia de aguas contaminadas. Cuando esta hipótesis se desechó, todo apuntaba a la cocinera del hogar, ya que las fiebres tifoideas también se propagaban a través de alimentos en mal estado.

Y es aquí cuando salió a la luz que, en los 7 años que Mary Mallon había trabajado como cocinera en varias casas, una veintena de personas habían enfermado de fiebres tifoideas. Se le hicieron varios análisis pero no se encontró muestras de enfermedad en ella… además de que no presentaba ningun síntoma de los típicos de esta fiebre. Hoy en día está más que probado que una persona sea portadora del virus de una enfermedad si llegar a desarrollarla nunca; aungue a comienzos del siglo XX sonará más a ciencia ficción que a realidad.

No convencidos, Mary fue llevada a la fuerza a un hospital y puesta en cuarentena, donde era analizada periódicamente, descubriéndose que si bien tenía periodos en los cuales no daba positivo a la tifoidea, la mayor parte del tiempo (120 de 163 muestras) portaba y podía transmitir el bacilo. Tras tres años de cuarentena, se la puso en libertad a cambio de no volver a trabajar como cocinera en vista a los resultados.

A pesar de trabajar un tiempo como lavandera, los sueldos y condiciones de las cocineras eran mucho mejores, por lo que, bajo el nombre de Mary Brown, entró a trabajar en un hospital. ¿El resultado? Un total de 25 infectados se computaron a comienzos de 1915, y las sospechas apuntaban (y van dos) a la cocinera.

Esta vez la opinión pública estuvo en su contra, pues si bien Mary no creía que ella estuviera enferma, el hecho de haber usado un pseudónimo implicaba un cierto grado de culpabilidad, pues ¿para qué usar un nombre falso si se es inocente?

Fue condenada a vivir en cuarentena hasta su muerte... que lo hiciera trabajando de auxiliar de laboratorio del hospital queda menos tétrico que imaginarla encerrada en una lóbrega habitación, atada a una cama y con ratas correteando a su alrededor, ¿no?



…Si es que cuando me pongo agradable, no me gana ni Dios


[Canción recomendada: Dalida & Serge Lama “Je Suis Malade”]



Aeroguatutú, que se llama "aero" porque vuela, "gua" por que va por el agua y "tutú" porque, cuando rueda por la carretera, hace "tú...tú..."


Boy Lornsen.


{elaeroguatutu@hotmail.com}